Hierve el agua. Suena la tetera y cae el agua caliente sobre el vaso de cristal del IKEA. La bolsa está semirrota y se deshace con el movimiento de la cucharilla. Los cristales del azucar hacen de pequeños puñales como los del corazón del protagonista. Las pequeñas hojas del té se esparcen por el vaso. El color cada vez es más verde. Nuestro protagonista imagina que ese color es la esperanza que necesita para los días grises y lluviosos (véase tristes y lacrimógenos).

Regresa el programa de televisión de la publicidad. Otra tarde de telebasura que ayuda a no pensar. A la siguiente pausa se pensará buscar un colador, o quizá olvidé el té. Otra cosa que olvidar.

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